sábado, 11 de junio de 2016

Mar de flores muertas.

Y este fue el primer poema que recité en publico así que supongo que también le tengo cariño, hace unos cuantos años también.

Descubrí, sin sorpresa,
que estaba nadando en un mar de flores muertas.

Aquel chapuzón resultaba utópico
El tacto de las flores
                                                         [aunque muertas]
Me excitaba.
Me sentía libre.
Decidí no volver a tierra.
Aquel vestido blanco y la curiosidad
me arrastraban hacia las profundidades.

Sabía que no debía bajar.
Sabía que me acostumbraría a no respirar.
A flotar.
A la paz.
Muchas veces llovía en aquel mar
y cuanto más llovía más ganas tenía de bajar
y no subir jamás.

Casi siempre estaba nublado allá arriba.
El frío me helaba.
Mi sangre quemaba.

Belleza hipnótica,
de la que te mata,
de la que te gusta
y acabas amando de forma religiosa,


venenosa.

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